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SOBRE EL ESTADO DE LA NACIÓN, por el Dr Guillermo V. Lascano Quintana. Difunde Cuerpo Socorro Argentino "Tcnl D José María Rojas" CSA

  

 





No es mi propósito ni el sentido de esta reflexión extenderme sobre la historia de nuestra nación. El presente y nuestro porvenir son suficientemente preocupantes para abordarlos sin dilación.

Lo que me intriga y a muchos sorprende, es que con los desaguisados que cometen los gobernantes y gran parte de la población y entidades representativas de sectores o intereses, no estemos peor de lo que estamos

Con un 38 % de pobres, 7% de indigentes, inseguridad creciente, educación declinante, inflación galopante, por citar solo algunos de los males que se señalan,  deberíamos estar cercanos a una catástrofe. Pero no lo estamos o al menos no lo parece.

¿Qué subsiste de antiguos paradigmas argentinos? Tierra de promisión, que entre 1890 y 1920 recibió cerca de 6.000.000 millones de inmigrantes de casi todo el planeta, de los cuales se quedaron, para siempre, más de la mitad.  Aún después de ese aluvión y como consecuencia de guerras y hambrunas, en el mundo, siguieron viniendo muchos más.

Sigue habiendo un clase media, disminuida pero no rendida,  que ejerce el comercio, estudia en escuelas y universidades, trabaja en diversas profesiones, es industrial, chacarera o estanciera, propietaria de trasportes de personas y animales, produce alimentos, se incorpora a las fuerzas policiales o militares, ejerce la medicina, la enfermería y muchos de ellos a las artes. Y esto se advierte en toda la geografía del país.

Existen instituciones religiosas que además de desarrollar sus creencias y ritos, ayudan a los necesitados de alimento, ropa y alojamiento. Ello, además  otras entidades que brindan similares ayudas. Los hospitales son públicos y gratuitos. Funcionan mal pero funcionan, como se vio durante la pandemia.

Tal vez omita algunos paradigmas, pero los señalados son suficientes para saber que no todo está perdido y que no nos dirigimos a la extinción como nación. Muchos ciudadanos de América siguen viniendo a buscar trabajo o a estudiar y se quedan.

La mediocridad, ¡que algunos señalan a veces como meritoria!, se contrapone con la calidad, internacionalmente reconocida, de algunas de nuestras universidades y centros de salud e investigación científica. Lo  mismo pasa con los adelantos e innovaciones en maquinarias y otros rubros destinados a la producción agrícola y ganadera.  Algunos “unicornios” nacieron en nuestro país y se destacan en el mundo.

Es cierto que la educación, sobre todo la pública, ha disminuido en su calidad y que la formación de los docentes no tiene los parámetros de antaño, con el agravante de las dificultades que impuso, la pandemia. Pero sigue habiendo bolsones de estudio, investigación, difusión e intercambio con centros internacionales que compensan la declinación.

Sin embargo, la conversación cotidiana, las notas de los periódicos, muchas conferencias y cursos que se dictan diariamente e incontables ensayos, insisten en la declinación como destino de lo que una vez fue grande y ejemplar.

Entonces, apelando a la resiliencia de nuestros ciudadanos y al coraje de los fundadores de la nación, debemos recobrar los atributos de entonces: convicciones políticas y sociales, compromiso y decisión de luchar hasta el último aliento para ofrecer esta tierra  a todos los hombres del mundo.

por Guillermo V. Lascano Quintana

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