EN DEFENSA DE LA REPÚBLICA CRISTIANA: LA HISPANIDAD. TRADICIÓN CATÓLICA Y REVOLUCIÓN FRANCESA. JULIO MANUEL ROQUÉ GARZÓN
Cte Pr Dr Mg D Carlos Gustavo Lavado Roqué Oficial Jefe Experto en SEGURIDAD NUCLEAR (OIEA), primer Oficial de Comunicaciones DIPLOMADO EN DEFENSA NACIONAL, único Gendarme EX PRESIDENTE del CENTRO de EGRESADOS de la ESCUELA de DEFENSA NACIONAL EX ESCUELA NACIONAL DE GUERRA (IGJ000087)
LA DIPLOMATURA EN DEFENSA NACIONAL, ABORDA TÓPICOS CLÁSICOS
Y DE CONTROVERSIA EN EL ÁMBITO DE LAS CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS:
LA DEFENSA NACIONAL Y LA GEOPOLÍTICA.
RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL AL PRIMER
JEFE DE UNIDAD DE GUERRA ELECTRÓNICA
"CREI SALTA" RED INTERNACIONAL
ANTINARCÓTICOS "LOS CAIMANES -PLAN AMÉRICA"
ÚNICO PRESIDENTE "GENDARME" DEL CENTRO DE EGRESADOS
DE LA EX ESCUELA NACIONAL DE GUERRA - EDENA
ÍNDICE1. La Revolución contra la Tradición
2. La revolución maraxista y liberal
3. Revolución Francesa y Revolución Rusa
4. Capitalismo, Revolución y Tradición
5. Revolución Francesa-Americana, Argentina
6. Tradición Hispanoamericana o Revolución Reaccionaria
7. Esquema conceptual de Tradición y Revolución
8. La comunidad orgánica y la Revolución
9. Restauración de la comunidad institucional
10. Herencia y linaje de la tradición
11. La Hispanidad: tradición orgánica
12. El carlismo español: una cristiandad concentrada
13. Fundación de la cultura hispanoamericana
14. El catolicismo y la música de arte mayor y media en Hispanoamérica
15. Comunidad Tradicional y Revolución en la Patria del Plata
16. Naturaleza, agroecología y tradición
17. Las áreas naturales y la tradición de nuestro patrimonio genético
18. Hogar telúrico: hombre, mito, nuestro Dios
19. Cultura tradicional y contracultura revolucionaria
20. Dios y la política: de sustancia católica; de inmanencia social; de praxismo ideológico
21. La cultura católica y la vida política: virtudes y vicios
22. La política en la comunidad orgánica y en la sociedad liberal marxista
23. Persona y comunidad: el pensamiento clásico, el cristiano y el moderno
24. La significación religiosa de la Res-Publica
25. El gen religioso y su transmisión comunitaria
26. Plebeyismo político y la nobilidad de la meritocracia
27. Orden jerárquico, autoridad, multitud y masas
28. Tradición y progresismo. Vocación de servicio e instituciones representativas
29. Nacionalismos nacionales, socialismos y peronismo. El Populismo
30. La cuestión del judeo-cristianismo en la Argentina
31. La patria: las patrias Argentina e Hispanoamericana
32. Las fuentes de nuestra cultura católica
ÍNDICE
1. La Revolución contra la Tradición
2. La revolución maraxista y liberal
3. Revolución Francesa y Revolución Rusa
4. Capitalismo, Revolución y Tradición
5. Revolución Francesa-Americana, Argentina
6. Tradición Hispanoamericana o Revolución Reaccionaria
7. Esquema conceptual de Tradición y Revolución
8. La comunidad orgánica y la Revolución
9. Restauración de la comunidad institucional
10. Herencia y linaje de la tradición
11. La Hispanidad: tradición orgánica
12. El carlismo español: una cristiandad concentrada
13. Fundación de la cultura hispanoamericana
14. El catolicismo y la música de arte mayor y media en Hispanoamérica
15. Comunidad Tradicional y Revolución en la Patria del Plata
16. Naturaleza, agroecología y tradición
17. Las áreas naturales y la tradición de nuestro patrimonio genético
18. Hogar telúrico: hombre, mito, nuestro Dios
19. Cultura tradicional y contracultura revolucionaria
20. Dios y la política: de sustancia católica; de inmanencia social; de praxismo ideológico
21. La cultura católica y la vida política: virtudes y vicios
22. La política en la comunidad orgánica y en la sociedad liberal marxista
23. Persona y comunidad: el pensamiento clásico, el cristiano y el moderno
24. La significación religiosa de la Res-Publica
25. El gen religioso y su transmisión comunitaria
26. Plebeyismo político y la nobilidad de la meritocracia
27. Orden jerárquico, autoridad, multitud y masas
28. Tradición y progresismo. Vocación de servicio e instituciones representativas
29. Nacionalismos nacionales, socialismos y peronismo. El Populismo
30. La cuestión del judeo-cristianismo en la Argentina
31. La patria: las patrias Argentina e Hispanoamericana
32. Las fuentes de nuestra cultura católica
2. La revolución maraxista y liberal
3. Revolución Francesa y Revolución Rusa
4. Capitalismo, Revolución y Tradición
5. Revolución Francesa-Americana, Argentina
6. Tradición Hispanoamericana o Revolución Reaccionaria
7. Esquema conceptual de Tradición y Revolución
8. La comunidad orgánica y la Revolución
9. Restauración de la comunidad institucional
10. Herencia y linaje de la tradición
11. La Hispanidad: tradición orgánica
12. El carlismo español: una cristiandad concentrada
13. Fundación de la cultura hispanoamericana
14. El catolicismo y la música de arte mayor y media en Hispanoamérica
15. Comunidad Tradicional y Revolución en la Patria del Plata
16. Naturaleza, agroecología y tradición
17. Las áreas naturales y la tradición de nuestro patrimonio genético
18. Hogar telúrico: hombre, mito, nuestro Dios
19. Cultura tradicional y contracultura revolucionaria
20. Dios y la política: de sustancia católica; de inmanencia social; de praxismo ideológico
21. La cultura católica y la vida política: virtudes y vicios
22. La política en la comunidad orgánica y en la sociedad liberal marxista
23. Persona y comunidad: el pensamiento clásico, el cristiano y el moderno
24. La significación religiosa de la Res-Publica
25. El gen religioso y su transmisión comunitaria
26. Plebeyismo político y la nobilidad de la meritocracia
27. Orden jerárquico, autoridad, multitud y masas
28. Tradición y progresismo. Vocación de servicio e instituciones representativas
29. Nacionalismos nacionales, socialismos y peronismo. El Populismo
30. La cuestión del judeo-cristianismo en la Argentina
31. La patria: las patrias Argentina e Hispanoamericana
32. Las fuentes de nuestra cultura católica
PRÓLOGO
La Tradición proviene de nuestro Dios Trinitario (Tres Personas y un solo Dios) y Teándrico (Divino-Humano), y de ella nace el orden de la comunidad orgánica. Ésta está sustentada en su núcleo, que es la familia, que también proviene de Dios mismo, que la sacramentó.
Este ensayo pretende resaltar la pertenencia de la Argentina y de Hispanoamérica en esa común unión espiritual, cultural, que Ramiro de Maeztu denominara La Hispanidad. Por lo tanto pretende también exaltar la pertenencia a dicha Tradición. Estamos convencidos de que ninguna Revolución, de cualesquier tiempo y espacio históricos, puede destruirla, porque pertenece a un orden sobrenatural. Empero, solamente puede deteriorar y aun destruir lo humano y su compuesto social y cultural cuando éste se ha desligado de Dios. Por ende la necesidad indispensable de religar nuestro vínculo trascendente con nuestra generatriz de vida espiritual y material.
El conjunto de las familias católicas de vida tradicional constituyen el núcleo de la Patria, conjuntamente a los estamentos o cuerpos intermedios —corporativos— de profesiones, del trabajo, de la producción, de los servicios, de las artes y la cultura, de la cienicia y técnica modernas; pues éstas también deben insertarse en ese rompuestoo que denominamos orgánico, porque es el resultado de la creación y contribución enriquecedora de múltiples generaciones que edificaron nuestra sociedad de valores e instituciones.
Esa comunidad se erigió en medios geográficos, espacios territoriales e históricos concretos, conformando organismos vivientes de pueblos y comarcas. Los municipios y las regiones dieron origen y consistencia sustentadora a nuestro país, que no se expresaron solamente en un desarrollo material, sino en Cristo nuestro Salvador, recreador del mundo, del hombre, del cosmos. Por eso mismo nuestros conflictos y tragedias pueden resolverse recurriendo a Él a través de la mediación de Nuestra Señora, la Virgen María.
Planteamos esto claramente porque el Bien Común Trascendente es un Orden Sacro que sostiene al Bien Común mundano (y aun inmanente), y no a la inversa como lo propone la modernidad.
La restauración de la Res-publica Cristiana, la Ciudad Cristiana, depende de esa cristiandad mínima, de la cual depende todo lo demás. Y aunque uno crea que hay una distancia sideral entre un núcleo tan chico y un país todo, y aún un continente —y la hay—, los espacios y tiempos de Dios son muy distintos a los nuestros, al igual que su justicia.
No se trata tampoco de rehacer una Edad Media, sino de recuperar sus valores eternos e incambiables, porque en ella se edificó nuestra patria cristiana. Cuando N. Berdiayev nos habla de recrear una “Nueva Edad Media” está confluyendo, aunque con matices diferentes, en esta idea central, enriquecedora y superadora de la crisis contemporánea de la Revolución.
No disponemos de la Vaticana Iglesia Católica ni del Imperio Romano de Occidente para recrearla, pero sí disponemos de una Tradición Católica nacida al calor de la convergencia entre “el reino del espíritu y el reino del César”.
Todavía tenemos retazos de un orden familiar católico, cuya trascendencia podemos entrever, aunque no dimensionar en todo su alcance y magnitud. La Hispanidad, inserta en un mundo hostil y decadente, depende de esa reconstrucción familiar.
La sacralidad y los frutos del matrimonio en todos los estamentos sociales, desde los más humildes hasta los más encumbrados, deben intentar hacer lo posible, dándole el orden de la sacralidad en un mundo desacralizado.
Nuestro Santo Salvador ofrendó su vida para redimirnos y hacer que esto sea posible. Y si nosotros creemos en ello, no habrá revolución ni potencia luciferina que lo impida.
Lo institucional y nuestros perdidos cuerpos intermedios pueden y deben ser recuperados en su vida interna, porque algunos subsisten en su apariencia externa.
También nosotros debemos recuperar esa vida interna, porque sino viviremos solamente en la apariencia de lo exterior.
Todo el viviente de la comunidad tradicional depende de la recuperación de su vida interior, porque ella es la que le da vivencia y permite su transmisión generacional.
Por eso la reflexión que proponemos es acerca de repensar un modo de vida: o vivimos solamente de lo exterior de lo humano, naturaleza y cosmos: o vivimos de la fuente nutricia de cada persona y comunidad.
Estamos, pues, proponiendo una meditación acerca de lo que Dios nos ha insuflado en una vida interior que sostiene lo exterior; y que si aquélla desaparece estamos condenados a perecer espiritual y materialmente.
El modernismo, en sus vertientes religiosas, políticas y sociales, al negar esa interioridad humana niega a Dios mismo.
Y en consecuencia niega al hombre su propio destino trascendente.
Dice Vázquez de Mella al respecto: “la autonomía selvática de hacer tabla rasa de todo lo anterior y sujetar las sociedades a una serie de aniquilamientos y creaciones (la revolución), es un género de locura que consistiría, en afirmar el derecho de la onda sobre el río y el cauce, cuando la tradición es el derecho del río sobre la onda que agita sus aguas”.
Las familias que rezan y confían en la Divina Providencia, todos los días y en cada hora de ellos, están haciendo Patria, están labrando su presente y su porvenir.
Porque una vida interiorizada se expande a su parentela y conjunto familiar. Ello significa la más íntima relación con Cristo. Es una presentificación del pasado, de la tradición viva; es un eterno presente que le da vida íntima a la persona y a los núcleos familiares.
Los contratiempos y calamidades que sufrimos, tienen otra dimensión y aceptación cuando nos ponemos en manos de Cristo y de su Santísima Madre.
Este modesto ensayo desea contribuir, por lo menos, a que se hable de este tema y hasta convencer acerca de esta rica concepción católica tradicional.
Cuando hablamos de la Res-Publica Christiana nos referimos a la. ciudad cristiana medieval que con la Luz indeficiente del Cristianismo se trasladó a América en la gesta hispánica fundacional.
De manera que las Gobernaciones y Virreynatos de aquí fueron una renovada fundación de la comunidad tradicional. Además, esta nueva república cristiana, con el molde medieval hispánico, estuvo alejada de las contiendas europeas derivadas de las reformas y revoluciones acontecidas allí.
Aquí, en cambio, permaneció ajena a tales, y sólo debió afrontar las tensiones de un trasplante cultural, y las propias de una nueva comunidad edificada en lo que constituye el hogar telúrico hispanoamericano
La Tradición proviene de nuestro Dios Trinitario (Tres Personas y un solo Dios) y Teándrico (Divino-Humano), y de ella nace el orden de la comunidad orgánica. Ésta está sustentada en su núcleo, que es la familia, que también proviene de Dios mismo, que la sacramentó.
Este ensayo pretende resaltar la pertenencia de la Argentina y de Hispanoamérica en esa común unión espiritual, cultural, que Ramiro de Maeztu denominara La Hispanidad. Por lo tanto pretende también exaltar la pertenencia a dicha Tradición. Estamos convencidos de que ninguna Revolución, de cualesquier tiempo y espacio históricos, puede destruirla, porque pertenece a un orden sobrenatural. Empero, solamente puede deteriorar y aun destruir lo humano y su compuesto social y cultural cuando éste se ha desligado de Dios. Por ende la necesidad indispensable de religar nuestro vínculo trascendente con nuestra generatriz de vida espiritual y material.
El conjunto de las familias católicas de vida tradicional constituyen el núcleo de la Patria, conjuntamente a los estamentos o cuerpos intermedios —corporativos— de profesiones, del trabajo, de la producción, de los servicios, de las artes y la cultura, de la cienicia y técnica modernas; pues éstas también deben insertarse en ese rompuestoo que denominamos orgánico, porque es el resultado de la creación y contribución enriquecedora de múltiples generaciones que edificaron nuestra sociedad de valores e instituciones.
Esa comunidad se erigió en medios geográficos, espacios territoriales e históricos concretos, conformando organismos vivientes de pueblos y comarcas. Los municipios y las regiones dieron origen y consistencia sustentadora a nuestro país, que no se expresaron solamente en un desarrollo material, sino en Cristo nuestro Salvador, recreador del mundo, del hombre, del cosmos. Por eso mismo nuestros conflictos y tragedias pueden resolverse recurriendo a Él a través de la mediación de Nuestra Señora, la Virgen María.
Planteamos esto claramente porque el Bien Común Trascendente es un Orden Sacro que sostiene al Bien Común mundano (y aun inmanente), y no a la inversa como lo propone la modernidad.
La restauración de la Res-publica Cristiana, la Ciudad Cristiana, depende de esa cristiandad mínima, de la cual depende todo lo demás. Y aunque uno crea que hay una distancia sideral entre un núcleo tan chico y un país todo, y aún un continente —y la hay—, los espacios y tiempos de Dios son muy distintos a los nuestros, al igual que su justicia.
No se trata tampoco de rehacer una Edad Media, sino de recuperar sus valores eternos e incambiables, porque en ella se edificó nuestra patria cristiana. Cuando N. Berdiayev nos habla de recrear una “Nueva Edad Media” está confluyendo, aunque con matices diferentes, en esta idea central, enriquecedora y superadora de la crisis contemporánea de la Revolución.
No disponemos de la Vaticana Iglesia Católica ni del Imperio Romano de Occidente para recrearla, pero sí disponemos de una Tradición Católica nacida al calor de la convergencia entre “el reino del espíritu y el reino del César”.
Todavía tenemos retazos de un orden familiar católico, cuya trascendencia podemos entrever, aunque no dimensionar en todo su alcance y magnitud. La Hispanidad, inserta en un mundo hostil y decadente, depende de esa reconstrucción familiar.
La sacralidad y los frutos del matrimonio en todos los estamentos sociales, desde los más humildes hasta los más encumbrados, deben intentar hacer lo posible, dándole el orden de la sacralidad en un mundo desacralizado.
Nuestro Santo Salvador ofrendó su vida para redimirnos y hacer que esto sea posible. Y si nosotros creemos en ello, no habrá revolución ni potencia luciferina que lo impida.
Lo institucional y nuestros perdidos cuerpos intermedios pueden y deben ser recuperados en su vida interna, porque algunos subsisten en su apariencia externa.
También nosotros debemos recuperar esa vida interna, porque sino viviremos solamente en la apariencia de lo exterior.
Todo el viviente de la comunidad tradicional depende de la recuperación de su vida interior, porque ella es la que le da vivencia y permite su transmisión generacional.
Por eso la reflexión que proponemos es acerca de repensar un modo de vida: o vivimos solamente de lo exterior de lo humano, naturaleza y cosmos: o vivimos de la fuente nutricia de cada persona y comunidad.
Estamos, pues, proponiendo una meditación acerca de lo que Dios nos ha insuflado en una vida interior que sostiene lo exterior; y que si aquélla desaparece estamos condenados a perecer espiritual y materialmente.
El modernismo, en sus vertientes religiosas, políticas y sociales, al negar esa interioridad humana niega a Dios mismo.
Y en consecuencia niega al hombre su propio destino trascendente.
Dice Vázquez de Mella al respecto: “la autonomía selvática de hacer tabla rasa de todo lo anterior y sujetar las sociedades a una serie de aniquilamientos y creaciones (la revolución), es un género de locura que consistiría, en afirmar el derecho de la onda sobre el río y el cauce, cuando la tradición es el derecho del río sobre la onda que agita sus aguas”.
Las familias que rezan y confían en la Divina Providencia, todos los días y en cada hora de ellos, están haciendo Patria, están labrando su presente y su porvenir.
Porque una vida interiorizada se expande a su parentela y conjunto familiar. Ello significa la más íntima relación con Cristo. Es una presentificación del pasado, de la tradición viva; es un eterno presente que le da vida íntima a la persona y a los núcleos familiares.
Los contratiempos y calamidades que sufrimos, tienen otra dimensión y aceptación cuando nos ponemos en manos de Cristo y de su Santísima Madre.
Este modesto ensayo desea contribuir, por lo menos, a que se hable de este tema y hasta convencer acerca de esta rica concepción católica tradicional.
Cuando hablamos de la Res-Publica Christiana nos referimos a la. ciudad cristiana medieval que con la Luz indeficiente del Cristianismo se trasladó a América en la gesta hispánica fundacional.
De manera que las Gobernaciones y Virreynatos de aquí fueron una renovada fundación de la comunidad tradicional. Además, esta nueva república cristiana, con el molde medieval hispánico, estuvo alejada de las contiendas europeas derivadas de las reformas y revoluciones acontecidas allí.
Aquí, en cambio, permaneció ajena a tales, y sólo debió afrontar las tensiones de un trasplante cultural, y las propias de una nueva comunidad edificada en lo que constituye el hogar telúrico hispanoamericano


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